Sentado en el avión, de regreso a España, una y otra vez suena en mi cabeza la canción que hemos estado tocando tanto durante estos días: «ayiti se bèl lanmè, se bèl montay ak bèl rivyè…».

Como cada mañana, hoy nos levantamos temprano para no perdernos el ligero pero imprescindible desayuno que preparan las cocineras del seminario donde nos hospeda con mucho cariño, como siempre, nuestro anfitrión, la Escuela de Música «Sainte Trinite» (Puerto Príncipe, Haití). Cogemos nuestros instrumentos, repasamos brevemente el plan de trabajo diario y nos lanzamos a la calle. A pesar de llevar ropa veraniega, tenemos calor. La falta de recursos en el país y los 27 ºC no impiden la celebración de la Navidad y todo haitiano que se precie luce su camiseta de tirantes y su gorro de Papá Noel.

«Haití es el único país del mundo donde los propios esclavos consiguieron en 1804 abolir la esclavitud»,

Haití es un país de contrastes, conocido por sus tragedias y desconocido por sus logros: es el único país del mundo donde los propios esclavos consiguieron en 1804 abolir la esclavitud que imponían Napoleón y el Imperio Francés. A pesar de las dificultades, la actividad artística de Haití es inmensa. Un gran número de músicos, artesanos y artistas plásticos trabajan de manera incansable para estar presentes en todo tipo de manifestaciones culturales, como el Carnaval, la Navidad, la Fiesta de la Independencia…

Hoy nuestro plan es conocer a Didi, una «madre con 40 hijos» —como ella define su trabajo—, y a la institución que representa. Nada más bajar del vehículo que nos acerca hasta el lugar entendemos a qué se refiere: una pequeña casa de dos plantas alberga la vivienda, colegio y único hogar de 40 niños sin familia para los que Didi es su única cuidadora y maestra.

¡El revuelo es enorme! Acabamos de llegar en un gran todoterreno blanco y negro llevando unas maletas sospechosas… «¿Qué vendrán a hacer?». Empezamos a desenfundar los instrumentos y hasta nuestros propios alumnos, que se han prestado a hacer voluntariado en su propio país, están excitados. El ambiente que experimentamos es mágico, digno de la mejor de las Navidades. Cuando comenzamos a tocar, el silencio, la expectación y la atención son máximos. Todo el alboroto desaparece para dejar paso a lo que allí ocurrió: música. Villancicos, piezas clásicas… Breve pero diverso, un aperitivo musical que los deja fascinados.

Lo mejor está a punto de llegar. Los más pequeños, que imitaban a los mayores aplaudiendo y vitoreando, insisten ahora en que nosotros nos sentemos. No entendemos muy bien qué ocurre, aunque no se hace esperar: Krsna Noël, un niño de 10 años, tiene una guitarra entre sus manos mientras otro de 4 golpea un tambor. A continuación, coreografías de todas las niñas, canciones a dúo y varios momentos muy divertidos producen en nosotros el mismo efecto de concentración y expectación. La emoción que ahora compartimos impulsaría más tarde el Programa de Becas Música Anpil, proporcionando acceso gratuito a una educación musical a quienes de otro modo les sería imposible.

«La experiencia artística ha sido inolvidable, pues ha puesto a la música en el lugar que les corresponde: ser lenguaje universal, puente entre culturas y expresión máxima del potencial del ser humano»

Con el claxon del todoterreno que regresa a recogernos ponemos punto y final a nuestra visita-concierto al centro para niños sin familias o, mejor dicho, a esa gran familia que hemos tenido la fortuna de conocer y con la que compartir música. La experiencia artística ha sido inolvidable, pues ha puesto a la música en el lugar que les corresponde: ser lenguaje universal, puente entre culturas y expresión máxima del potencial del ser humano.

Pedro Conejero, fundador y miembro de Música Anpil.

La ONG española Música Anpil, cuyo ámbito de actuación se sitúa en Haití (oficialmente República de Haití), una isla caribeña que todavía se recupera de los devastadores efectos del terremoto sufrido en 2010. «Haití es uno de los países más desfavorecidos del continente americano», nos dice Pedro Conejero.

Los objetivos de esta asociación, cuyos integrantes se desplazan cada año a miles de kilómetros de distancia para poner su talento al servicio de los demás, es claro: «en Música Anpil educamos a través de la música. Dos años después de aquel viaje seguimos desarrollando nuestro programa de becas para crear una comunidad global donde las diferencias sirvan para unirnos y la música sea una herramienta para educarnos».

Para conseguirlo, la colaboración de otros músicos que se solidaricen con esta causa se hace imprescindible. «Música Anpil fomenta la creación de una red sólida de profesionales de la música clásica que coopere con las diferentes instituciones culturales haitianas para ayudar a que profesores y alumnos dispongan de un mayor número de herramientas, técnicas y conocimientos con los que desarrollar de manera autosuficiente y sostenible sus aptitudes y capacidades, con el consecuente beneficio para el conjunto de la sociedad. Nuestro enfoque pasa por dar herramientas a quienes no tienen acceso a la cultura, esforzarnos por entenderlos, mirarlos de uno en uno y encontrar un lenguaje común con todos aquellos que están lejos de nuestros códigos, signos y conductas, porque todos los niños son magníficos y en extremo talentosos. Con profesores esforzados y seres humanos honestos lograremos un pensamiento local más consciente, comprensivo y alegre, alcanzando así una mejor calidad de vida y logrando con el tiempo que los niños se reconozcan y valoren, confíen en sus capacidades y fomenten un diálogo y reflexión en el hogar a través de sus historias de superación».

Si crees que tienes algo que ofrecer o compartir, puedes contactar con Música Anpil a través del correo musicaanpil@gmail.com.

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