Javier Castaño Medina (La Puebla de Montalbán, Toledo) ocupa una de las plazas de orquesta más exigentes de todo el mundo. Ha pasado ya algún tiempo desde su participación en la tercera edición del Numskull Brass Festival Caudete, donde pudimos disfrutar de su música tanto en las aulas como sobre el escenario. En esta ocasión atiende a nuestras preguntas desde la que es su casa desde hace más de cinco años: Milán.

Ricardo Chailly estrena título de Director Musical del Teatro (tras dos temporadas como Director Principal de la Filarmónica de La Scala), además de cumplir 40 años desde que dirigiera en el foso milanés por primera vez en 1978. ¿Cómo es trabajar con él?

¿Qué puedo decir? Es una maravilla. Prácticamente es el director con el gesto más claro del mundo, sus ideas musicales son muy interesantes y siempre es muy bueno trabajar con directores de ese nivel mundial tan alto.

El Teatro alla Scala tiene fama de exigente. ¿Cómo se vive la ópera en Milán?

En La Scala la ópera se vive con mucha pasión. El público es muy exigente y los músicos, junto con los cantantes, tenemos que dar siempre nuestro nivel más alto posible.

¿Se siente más la presión en la silla del tuba principal?

Uno siempre tiene la presión de tocar muy bien y estar a la altura, no ya solo por la presión del teatro o los directores que vienen, sino por uno mismo y la autoexigencia de poder hacer música lo mejor que se pueda.

Hace ya cinco años que ganaste el puesto de tuba solista en la orquesta. ¿Qué ha cambiado para ti desde entonces?

Mi vida no ha cambiado mucho. Yo sigo estudiando lo mismo que cuando empecé en el Conservatorio Superior de Música de Madrid e incluso antes. La única cosa que sí que es verdad que puede haber cambiado es que estoy mucho más ocupado que antes. Por lo demás, sigo siendo el mismo, tratando de tomar mi trabajo muy en serio. En general, intento tomar en serio todo aquello que hago.

«Los tubistas contamos con más tiempo libre que los demás músicos de la orquesta y, gracias a esto, tengo la suerte de poder hacer todo lo que me propongo, incluso estar con la familia».

Pregunta técnica: ¿qué tiene de especial ser músico en una orquesta de un teatro dedicado fundamentalmente a la ópera y al ballet frente a otras formaciones orquestales?

Quizá el mayor cambio es que aquí se trabaja mucho. En una orquesta puramente sinfónica se hacen dos o tres conciertos a la semana, mientras que aquí estás casi todas las noches interpretando, ya sea sinfónico, ópera o ballet.

¿Cómo una persona nacida en una pequeña población, en el seno de una familia sin una especial tradición musical y que comienza a tocar la tuba con 13 años llega a ocupar la plaza de tuba solista en la orquesta del teatro más prestigioso del mundo?

Si te digo la verdad, todo lo que hay detrás es mucho esfuerzo, dedicación y, sobre todo, el placer de que me encanta mi trabajo. De alguna manera, esto último ha hecho que fuera un poco más fácil. Sin embargo, ha sido el esfuerzo el que ha hecho que pudiera llegar hasta aquí.

¿A qué has tenido que renunciar a lo largo del camino?

En realidad no he renunciado a nada. Lo que sí es verdad es que paso menos tiempo con la familia. Aun así tengo que decir que los tubistas contamos con más tiempo libre que los demás músicos de la orquesta y, gracias a esto, tengo la suerte de poder hacer todo lo que me propongo, incluso estar con la familia, que a veces se echa de menos. Al final siempre busco alguna manera que me permita poder visitarlos. Es muy bonito estar con ellos.

Tomar la determinación de vivir profesionalmente dedicado a un mundo tan exigente como la música no debe ser fácil. ¿Qué marcó tu decisión?

Una vez que eres músico, de alguna manera te olvidas de si la vida es difícil o fácil. Lo único que te preocupa es hacer bien tu trabajo, disfrutar de la música… Yo, personalmente, no pienso en esas cosas, simplemente intento hacer bien mi trabajo.

Cuando echas la vista atrás, ¿qué personas te vienen a la mente?

Cuando miro hacia atrás lo que veo es la aprobación de mi familia con respecto a lo que hago. Siempre han apoyado mi profesión. Por supuesto, también ha habido altibajos, pero cuando miro hacia atrás veo principalmente la ayuda de mi familia, de mi novia y de la gente que me quiere.

¿Es España un buen lugar para formarse como músico para quien quiere ser tubista profesional? ¿Cómo crees que es el nivel de los tubistas españoles en comparación con los de otras nacionalidades?

Absolutamente. España es un buen lugar para la formación de tubistas. No obstante, aconsejo a todas las personas que se quieren dedicar a la tuba que busquen la experiencia de salir de España y descubrir otras culturas. Conocer otras maneras de tocar nos enriquece en nuestra formación. Por otro lado, el nivel de los tubistas españoles en comparación a lo que hay fuera de España es bastante alto, no tengo duda alguna. De hecho, hay tubistas españoles estudiando por toda Europa que están muy bien considerados.

«Es esencial para todos los tubistas salir fuera de España y ver cuál es el nivel de los músicos en el extranjero».

Antes de conseguir tu primera plaza en una orquesta profesional ya formaste parte de importantes jóvenes orquestas como la Joven Orquesta Nacional de España (JONDE) o la European Union Youth Orchestra (EUYO). ¿Es importante para un joven músico participar en formaciones de este tipo?

No es importante, ¡es esencial! Formar parte de todas las orquestas jóvenes que se encuentren en nuestra vida como estudiantes, como la Joven Orquesta Nacional de España, la Holstein —Schleswig Holstein Musik Festival Orchestra—, la EUYO o la Gustav Mahler —Gustav Mahler Jugendorchester—, es muy importante.

Cuando cursabas el grado superior en el Conservatorio Superior de Música de Madrid trasladaste un año tus estudios a la ciudad alemana de Hannover. Debió ser la primera vez que abandonabas España durante un periodo largo de tiempo. ¿De qué manera influyó en tu futuro esta etapa de tu formación?

Es esencial para todos los tubistas salir fuera de España y ver cuál es el nivel de los músicos en el extranjero. En mi caso, cuando estuve en Hannover esto me influyó muy positivamente. Fue una experiencia muy bonita, no solo enriquecedora desde el punto de vista musical sino también culturalmente, en cuestión de idiomas —permitiéndote aprender inglés—, etc. Al final todo esto conforma tu nivel artístico y cultural en positivo.

El pasado verano participaste en la tercera edición del Numskull Brass Festival Caudete interpretando el concierto de Edward Gregson en el Ciclo de Conciertos Nocturnos. ¿Qué significa para ti actuar como solista?

Actuar como solista, ya sea con una banda o en un recital, es un reto muy bonito que animo a todas las personas a cumplirlo porque no solo te enfrentas a un concierto musicalmente, sino que tienes detrás a un gran número de músicos que te están escuchando y a un público delante que de alguna manera espera de ti poder sentir sensaciones que nunca había sentido. Este hecho es muy importante para un músico de orquesta. Como te digo, para mí es algo muy bonito y un reto que me permite disfrutar de la música junto al público.

Dentro del marco del festival impartiste junto a Anaís Romero una clase magistral sobre música de cámara y tuviste también tiempo de dar algunos consejos a los alumnos de tuba y bombardino. ¿Te sientes atraído por la docencia o te gustaría dedicarte a ella en un futuro?

Sí, absolutamente. Me siento muy atraído por la docencia. De hecho, este año he comenzado como profesor del Conservatorio Superior de Aosta, en Italia. Es una experiencia muy llamativa en el sentido de que me permite transmitir a mis alumnos las experiencias que vivo y he vivido en orquesta. Por otro lado, esto me da la oportunidad de ayudarles a elegir la música como una profesión o incluso como un modo de vivir muy bonito y gratificante.

¿Qué podemos esperar de Javier Castaño durante los próximos años?

Lo de siempre —dedicación absoluta a este trabajo que me encanta— e intentar formar una familia. Centrándome en lo musical, se esperará de mí que siga en el camino en el que estoy ahora, que es vivir de la música y disfrutar de ella.

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